EL PODER Y LA LEY EN FUNCIÓN DEL PODER

Por Eduardo Aramburu García

17 septiembre 2020

El poder, según el diccionario de la Real Academia Española (RAE),  es la facultad o la capacidad que se tiene para realizar o mandar a realizar  “algo”,  Pero se profundiza cuando se le da una segunda connotación que no es solamente de facultad de mandar, sino que , imponer la autoridad mediante la coerción. Lo que lleva a un nuevo plano cuando se establece que esta facultad se legitima, pues, por la autoridad, y por última instancia, por los instrumentos de legitimación, o sea, la ley, por la cual es concebida esa legitimación, llegando a ser un  vehículo de dominación de una clase social sobre la sociedad o de un individuo sobre otro u otros.

 

Si entendemos por ley, el precepto de carácter normativo y observancia  obligatoria dictada por el poder,  podríamos aceptar la concurrencia  de estas dos fuerzas  iniciadas  en la trilogía  padre,  madre  e hijo, esto es, en primer lugar la relación dual  mamá-hijo, nivel imaginario, según  lo establecido por Lacan, seguido por la presencia del padre, quien simbólicamente debe imponer el mandato correspondiente a la función, «con tu madre no te acostarás, con tu hermana no te acostarás y a mí no me matarás»  . Esa es toda la función que tiene que hacer un buen padre para instalar la ley, a través de la madre en el hijo que  corresponde a lo denominado simbólico, y en tercera instancia la castración, lo que inhibe el incesto («la ley que estructura al ser»), produciéndose el alejamiento de la madre, o sea la separación del niño de la madre para el logro de  su propia individualidad, lo que cruza al Sujeto y es conocido como la ley, pues se impone el padre, ejerciendo  el poder.   El hijo acepta esa realidad, mediante la castración simbólica, y al  hacerlo, por un lado, reconoce en el padre  el poder, pero por otro lado,  siente que se queda  con un vacío “contención de sus impulsos o sentimientos”  que permanecerán  durante el curso de toda su vida.

 

 

De acuerdo a lo anterior, podríamos recurrir a  Freud y Lacan, pues los dos manifiestan  que el niño se habrá de separar de su madre y formar una identidad separada, para poder entrar en la civilización, o sea, ser parte de la cultura, de las costumbres, las tradiciones, el respeto a las normas, las leyes, la convivencia armónica. Pero como dijimos antes esta separación conlleva un tipo de pérdida, producto de  la castración  imaginaria; cuando el niño conoce la diferencia entre él y su madre, empieza a convertirse en un ser- individuo, pierde ese sentimiento primario de unidad y seguridad que originalmente tenía con su madre.

 

Este es el elemento de tragedia construido dentro de la teoría psicoanalítica, tanto Freudiana como Lacaniana: para convertirse en un "adulto" civilizado, pero siempre conlleva la profunda pérdida de una unidad original, una no-diferenciación, un converger con los otros, particularmente con la madre, lo que se ha denominado “relación dual, mamá-hijo” (imaginario); la función del padre y la castración respectivamente.

 

Estas concurrencias son las que nos permiten diferenciar las diversas estructuras que devienen, a saber: neurosis, psicosis y perversión (Naranjo 2009), en la concepción  de sujeto igual  al significado, versus significante que   revertimos para darle mayor importancia  al significante  que a la cosa, o sea, el significado, lo que producirá, sin  duda,  un  espacio irreductible, provocando  un proceso de significación que se va a ir desplazando a otras significaciones.

 

En este proceso  que da  lugar a una estructura  concebida por el lenguaje permite establecer estados  predeterminados, desde antes de nacer, ejemplo, el nombre, elegido por los padres, los familiares o los amigos.

 

   La  Dra. Andrea Naranjo sintetiza con claridad los aspectos base del sujeto cuando dice que:

              “Cada sujeto constituye su inconciente en la represión primaria, allí se constituye la articulación significante matriz del sujeto, que en cuanto a sus circunstancias biográficas y su fantasma fundamental, es único en su contingencia. No hay  sujeto universal del  psicoanálisis. Es finito y contingente. Lo que hay es un sujeto universal del lenguaje”

 

En este contexto donde se construye “…la articulación significante  matriz del sujeto, Lacan manifiesta  “… es el sujeto del deseo, que es la esencia del hombre…” y que debe pasar necesariamente por  los tres registros, que Lacan ofrece a la humanidad: lo real, simbólico e imaginario

 

Siguiendo la idea central de Naranjo, dice que es necesario distinguir que los tres registros   operan como una configuración articulada, Lacan lo subraya diciendo que la articulación de los tres registros es donde se encuentran la naturaleza del discurso y la estructura de un sujeto. Tan importante es esta relación que produce sencillamente  el otro y el Otro, con el cual simbólicamente estoy conectado, por ejemplo: “El “yo”, Clemente Riedemann y el “Otro”, el “poeta”, el creador a través de la palabra”, dice Naranjo que es en  este instante  cuando se  encuentra y se reencuentra el sujeto, dando un  tremendo salto, para concluir que es la inscripción de esta matriz simbólica donde un sujeto nace como sujeto humano.

Pero es posible que se encuentre  en uno de los siguientes niveles  de estructuras este sujeto humano: Neurosis, Psicosis, Perversión.

 

El primero sería el sujeto humano normal. Logró establecer en su imaginario la ruptura  original y reconoce  en su padre el poder y por tanto obedece la ley  y se aleja del drama de Edipo, ( el recorrido de Edipo es el padre, como agente de la castración  el que efectúa la separación  del niño de la madre, encarnando la ley, la que prohíbe el incesto y el parricidio, abriendo al sujeto a la exogamia)  y acepta que tiene un  vacío que buscará satisfacer en su proceso de vida, cercana a la función paterna.

 

El segundo elemento, la psicosis,   es un término genérico utilizado en la psicología para referirse a un estado mental descrito como una pérdida de contacto con la realidad. A las personas que lo padecen se les llama psicóticas.  La psicosis nos indica que el sujeto en su inconciente  no tiene una  separación definitiva, ha quedado con un trauma por la separación misma y vuelve al centro por una necesidad de poder, sufre ciertas crisis que lo contraen, y lo arrastra como una fuerza centrífuga a sus espacios originales, y  siente que tiene el poder. Es una lucha contante entre  consciente e inconsciente

 

La tercera categoría, la perversión. El perverso queda capturado en la dialéctica del “ser” y el “tener”. En términos psicoanalíticos,  cree en la castración, pero  a la vez se reniega de ella, en otras palabras se sabe conciente de la falta estructural, pero su deseo es tener el poder. (Hitler )

 

 Se podrá concluir que la ley y el poder son fuerzas concéntricas. El padre es agente de castración, y se transforma en la ley y provoca la separación  terminando con  el dualismo madre-hijo, en una expresión de  la naturaleza humana para que entre a la sociedad, a la civilización, a la cultura  como un sujeto humano quien reconoce  una carencia, pero que, sin duda, respetará las leyes, se respetará a si mismo, respetará el cuerpo, podrá retirarse a tiempo cuando hay una mujer que no le corresponde, ni entrará en crisis pasionales porque sabrá darse cuenta que hay una ley que tiene que respetar.

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